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Febrero 2019


Programa de apoyo a la juventud, una propuesta

Una de las características del ser humano, como ser racional, es analizar objetivamente las acciones que ha emprendido y los hechos que han sucedido a lo largo del tiempo, con el propósito de sacar experiencias, corregir errores y mejorar aquello que puede ser modificado, siempre mirando hacia el futuro.
Es así, como el mirar otras realidades y sacar lecciones de ellas es un proceso que hace bien a los países, a sus gobiernos, instituciones y organizaciones en general, ya que permite extraer lecciones que ya han aprendido otros antes que nosotros.
Desde hace algunos años, el Gobierno de Nueva Zelanda, dándose cuenta de las falencias en la formación de la juventud, en temas relacionados con los valores, la disciplina, y el respeto, por nombrar algunas, creó un programa denominado Desarrollo de Habilidades dirigido a jóvenes adolescentes.
En este diagnóstico también participaron universidades y empresas privadas que, detectaron una brecha en las conductas de entradas de sus alumnos y en la de sus empleados respectivamente. Dentro de ellas se pueden destacar la falta de esfuerzo, espíritu de superación, resiliencia y falta de interés y esfuerzo por aprender.
Además de haberse hecho este diagnóstico dentro de adolescentes sin ningún tipo de problemas de conducta ni carencias sociales, se incluyó a jóvenes vulnerables de distintas edades, buscando la forma de reforzar su formación como persona y cooperar en el proceso de rehabilitación, en aquellos casos más graves, de niños internados en centros que cumplen tareas similares al SENAME, en Chile.
Tomando como base esta experiencia y teniendo a la vista las debilidades que han sido transparentadas a la opinión pública, quiero proponer en este artículo el utilizar esta iniciativa, recogiendo aquellas características aplicables en Chile, de modo de plantear una alternativa a analizar en forma académica.

Objetivo
El objetivo de esta iniciativa es diseñar programas especialmente para jóvenes, utilizando algunas unidades y reparticiones de las FF.AA., que tengan la infraestructura adecuada y disponible a lo largo del país. El enfoque de este programa sería abarcar dos segmentos de jóvenes: entre los 13 a los 17 años y entre los 18 a los 25 años. Este programa, al igual que en otros países donde se ejecuta, requeriría del apoyo del Gobierno y el de otras agencias, como también el aporte voluntario de instituciones educacionales (universidades), que vean en las fuerzas armadas, la oportunidad de transmitir a los futuros postulantes a esos centros de educación superior, ciertos valores (valentía, camaradería, compromiso, espíritu de superación e integridad), habilidades, actitudes y disciplina propias de las instituciones armadas y de esta forma contribuir al desarrollo y formación de jóvenes chilenos, especialmente aquellos más vulnerables, que en un corto plazo serán sus propios alumnos.
La iniciativa propuesta, considera la condición de no distraer al personal activo en sus tareas, funciones y responsabilidades diarias, ya que conlleva la utilización de las instalaciones disponibles en las reparticiones que hayan sido previamente seleccionadas, y que sus instructores y oficiales a cargo, pertenezcan a la reserva. Para materializar este proyecto, se requiere una acción multi disciplinaria, donde el Gobierno integre a otras agencias, como el Ministerio de Desarrollo Social, de Educación, Salud, Interior, Justicia, Carabineros y Policía de Investigaciones, Instituciones de caridad, ONG, etc.
El programa de entrenamiento que se propone aplicar, está basado en un modelo militar, pero sin el empleo ni manejo de ningún tipo de armamento, algo similar al entrenamiento básico de reclutamiento, algo parecido al programa de televisión Pelotón, buscando incentivar la autodisciplina, el trabajo en equipo, construyendo confianzas y respeto, evitando la intolerancia, los malos hábitos, y mejorando las actitudes y el comportamiento social.
La idea central del programa es establecer límites y dar a conocer las consecuencias que tiene el no respetarlos, como así también, enseñar a asumir las responsabilidades de las propias acciones y contagiar a los jóvenes del hambre de éxito, no de la mediocridad.
Este programa no tiene como fin el reclutar personal para las FF.AA., sino que busca reforzar algunos valores para aplicar en la vida futura y al mismo tiempo, salvar a jóvenes en peligro social, como los afectados por las drogas, el alcohol, la delincuencia, etc. Para lograr esto, es fundamental el trabajo conjunto con profesionales, utilizando técnicas de asistencia social, con un apoyo muy fuerte de psicólogos y terapeutas.
Un aspecto fundamental en el proceso es la elección de los instructores, quienes obligatoriamente deberán pasar por un proceso de selección inicial y posteriormente, por una capacitación especial por parte de personal especialista en las materias señaladas.
Las actitudes que se busca que los jóvenes alcancen al término del periodo de entrenamiento, son la autodisciplina, la consciencia de la necesidad de la cooperación, mayor confianza y autoestima, espíritu de superación y el respeto consigo mismo y hacia los demás.

¿Qué son estos programas de apoyo a la juventud?
Estos programas estarían enfocados a ayudar a jóvenes chilenos a desarrollar las habilidades necesarias para incorporarse al mercado laboral. Este proyecto debe involucrar a los Ministerios de Desarrollo Social, Ministerio de Educación, de Justicia, Instituto Nacional de la Juventud (INJUV), Carabineros de Chile, Policía de Investigaciones y el Ministerio de Defensa, representado este último, por las fuerzas armadas.
Esta iniciativa consiste en tres programas de desarrollo para los jóvenes. Cada uno utiliza la experiencia del personal de las fuerzas armadas, para entregarles a jóvenes chilenos, la motivación y las herramientas que les permitirán relacionarse de mejor forma con su entorno y así lograr obtener un trabajo con mayor facilidad.
Dependiendo del alcance que se le quiera dar al programa, se estima que alrededor de 90 miembros de las FF.AA. (provenientes de la reserva de las tres instituciones) debieran estar dedicados a esta actividad, 30 miembros de cada institución). Dicho personal debe ser seleccionado en forma rigurosa y de acuerdo a sus competencias como instructores, y haber completado una formación que refuerce las habilidades blandas, para poder proporcionar la ayuda adecuada a jóvenes, mediante esta iniciativa única y que ha sido exitosa en otros países, como Nueva Zelanda.
Los programas están dirigidos a jóvenes voluntarios sin ningún tipo de riesgo social pero que deseen participar en este programa y también a aquellos que, por sus antecedentes, están en riesgo de caer en conductas delictivas o asociadas a las drogas y alcohol.
En este segundo caso, serían seleccionados jóvenes cuyas vidas se desenvuelven en ambientes de drogadicción, alcoholismo, violencia intrafamiliar, conductas violentas criminales, y con problemas médicos menores, incluyendo la obesidad. Debido a esta condición, es que cada curso debiera contar con una estrecha relación de coordinación con una oficina de enlace de Carabineros y de la Policía de Investigaciones, puesto que ellos también, juegan un rol importante en el trabajo que se realiza para lograr el cambio de conducta de estos jóvenes, participando activamente en el proceso de apoyo, con los instructores de las FF.AA.

Consideraciones finales
Los programas expuestos, son fruto de un estudio acabado realizado por el Gobierno de Nueva Zelanda, que identificó la congruencia que existe, entre lo que la vida militar demanda y desarrolla en el individuo, con respecto a lo que los empleadores, padres, colegios y sociedad en general, quieren en sus respectivas organizaciones.
En cuanto a los resultados de esta iniciativa, los jóvenes que han completado el programa de curso, han experimentado entre un 80 a un 90 % de mejora en su comportamiento, permitiendo reducir los problemas sociales que enfrenta parte de la juventud en ese país. Asimismo, ha servido como una buena herramienta de conocimiento, relacionamiento y reconocimiento de las instituciones por parte de la comunidad.
En cuanto a beneficios en la obtención de nuevos postulantes para las FF.AA. no representa ningún efecto, entendiendo que no es el objetivo del programa, alcanzando sólo a un 5%.
El programa en Nueva Zelanda, actualmente tiene un 80% de financiamiento que no tiene que ver con el presupuesto de las FF.AA., sino que es aportado por distintos ministerios.
La mayoría de los jóvenes que ingresa al programa se presenta con:
– Problemas de control de la ira.
– Baja aceptación de la responsabilidad y de la autoridad.
– Indiferencia a las consecuencias.
– Baja autoestima y relacionamiento social.
– Ausencia de ambiciones y objetivos positivos a alcanzar.
– Vidas sedentarias, obesidad y problemas de salud.
– Problemas de droga, conducta y dependencia del alcohol.
– Exacerbado sentido del derecho por sobre el deber.
– Ausencia de modelos positivos y ejemplo sólo de líderes negativos.
– Historial de abuso familiar.

La tarea de los distintos programas es romper este ciclo y los malos hábitos.
De acuerdo con la experiencia de Nueva Zelanda, estos programas no sólo han sido beneficiosos para los jóvenes que han participado en ellos, sino que también para las Fuerzas de Defensa de Nueva Zelanda (FDNZ), puesto que, a través del programa de apoyo a la juventud, las FDNZ se han podido relacionar con la comunidad en todos sus niveles, es decir, con los padres, los colegios, las autoridades regionales y ministeriales, logrando establecer una gran red de contactos. Además, les ha permitido tener mayor cercanía con la ciudadanía y que ésta conozca más de cerca a las instituciones de la defensa, lo que ha significado en forma indirecta aumentar el número de interesados en ingresar a las fuerzas armadas.
Lo creativo y especial de esta iniciativa, es que surge de las propias autoridades de Gobierno de ese país, que recogiendo las inquietudes y necesidades de universidades, colegios, y de la propia empresa privada, buscó la forma de darles solución, dándose cuenta que el ethos propio de la formación de las FF.AA. era una buena alternativa para ser aprovechada en este tipo de situaciones.